¿Qué fuerzas invisibles alimentan esta conversación que está reconfigurando alianzas políticas, decisiones corporativas y hasta relaciones personales?
El fenómeno WOKE en el “simple” espectro “izquierda – derecha”

El término «woke» ha evolucionado hasta convertirse en un concepto polémico y polarizador en el discurso político contemporáneo. Refleja divisiones sociales profundas sobre cómo entender la identidad y la justicia, y se ha vuelto una etiqueta política que obstaculiza el diálogo constructivo.
Proviene del inglés afroamericano “stay woke” que significaba literalmente “mantenerse despierto” o “estar alerta” especialmente sobre el racismo y la injusticia social.
En términos generales, para la izquierda, WOKE representa conciencia social, justicia racial y reconocimiento de problemas estructurales. Se ha expandido (y de manera muy confusa) para incluir derechos LGBTQ+, feminismo y cambio climático. Para la derecha simboliza corrección e intervención política excesiva, sensibilidad exagerada y victimismo. Dependiendo del contexto geográfico puede haber ligeras diferencias: en Europa la comprensión del término es más fragmentada, y en América Latina tiende a verse a través del prisma del colonialismo y las luchas indígenas.
Para algunos, WOKE es un concepto que se ha “apropiado” la izquierda y que tiene una estrategia “deliberada y radical”. Para otros (ver Susan Neiman) la izquierda no es woke porque la primera defiende el universalismo y la segunda el tribalismo. Sin embargo, es muy común en conversaciones informales que la gente conecte los dos términos. Esto dificulta la comprensión del problema de fondo y nos muestra los límites de los marcos conceptuales políticos tradicionales.

El movimiento “woke” critica el universalismo, la centralidad del Estado-Nación, y desafía la primacía de factores económicos o materiales. Claro, coincide con la izquierda política porque privilegia la libertad personal (proteger derechos civiles del ciudadano, derecho al aborto, derogación del servicio militar, etc.). Y choca con la derecha política porque en ésta prima la libertad económica (baja fiscalidad, facilidades comerciales y de libre empresa) sobre la libertad individual.

El término ha perdido precisión, se manipula mucho y significa cosas diferentes para diferentes personas. Podría ser usado por alguien progresista, pero también por alguien liberal. El gráfico de Nolan nos permite visualizar un poco mejor esta compleja dinámica: muestra además de la izquierda-derecha política, dos opciones más: el liberalismo, que defiende la libertad del individuo y a la vez la intervención mínima del Estado en la vida social y económica; y por otro lado, el totalitarismo que privilegia un Estado que lo controla todo y que niega por definición todas las libertades.
Pese a que el diagrama de Nolan expande un poco las variables, sigue siendo insuficiente: reduce la política a dos dimensiones, la libertad económica y la personal presentándolas como independientes y equivalentes, cuando en realidad están interconectadas.
Complejidad del debate “woke” y su relación con la identidad
La relación entre el debate “woke” y las cuestiones de identidad es multidimensional:
1.- Tensión entre universalismo y particularismo. Una tensión filosófica milenaria: ¿Debemos enfocarnos en lo que nos une como seres humanos (valores comunes y derechos humanos universales) o reconocer y valorar nuestras diferencias identitarias (desigualdades y diferencias existentes)?

2.- La identidad como experiencia vs. la identidad como esencia: ¿La identidad es construida socialmente, en función de contextos y culturas; o representan características fundamentales y relativamente fijas? Irónicamente, tanto críticos como defensores de posiciones “woke” pueden caer en visiones esencialistas (con valoraciones opuestas de esas esencias).
3.- La política de reconocimiento: “woke” tiene que ver con grupos históricamente marginados que buscan reconocimiento de su experiencia y valor. Y el “anti-wokeismo” refleja a veces, la resistencia a perder el reconocimiento privilegiado que tienen ciertos grupos y oposición a propuestas centradas en la libertad personal diferenciada (particular).
4.- Causalidad bidireccional: las políticas de identidad impulsaron el surgimiento del movimiento “woke”, y éste a su vez, ha transformado cómo entendemos la identidad.
El debate “woke” en el orden internacional
El nuevo orden internacional está siendo determinado por factores geopolíticos, económicos y militares mucho más profundos que el debate “woke/anti-woke”. Sin embargo, este debate sí forma parte de una dimensión cultural de la competencia global:
- En la retórica entre potencias, Rusia y China frecuentemente caracterizan a Occidente como “decadente” debido a valores liberales que podrían considerarse “woke”. Putin ha apelado a valores tradicionales para contrastar con lo que él percibe como “excesos liberales occidentales”. China critica lo que considera “liberalismo occidental extremo” mientras promueve su propio modelo político-cultural.
- Estados Unidos, especialmente bajo administraciones demócratas, ha incorporado elementos de derechos humanos y justicia social en su política exterior. Por ejemplo, la administración Biden promovió la inclusión de minorías, reconoció problemas como el racismo sistémico y favoreció derechos LGBTQ+. Tanto Donald Trump como Elon Musk se han posicionado como figuras emblemáticas del movimiento “anti-woke”. Lo consideran una amenaza existencial a los valores estadounidenses tradicionales (virus woke, tiranía woke, adoctrinamiento woke). Han criticado y se han opuesto a la burocracia educativa, los programas DEI, la agenda de cambio climático, y los derechos LGBTW+.

Esta dinámica constituye un elemento significativo en la reconfiguración del orden internacional. El alineamiento de líderes occidentales con posturas “anti-woke” complica la narrativa tradicional de un Occidente unido por valores liberales democráticos, creando nuevas líneas de fractura. Ahora bien, como dije antes, esta dimensión cultural no reemplaza factores económicos y militares en la configuración del orden internacional, pero añade un nivel de complejidad significativo a las relaciones internacionales, donde las batallas sobre identidad, valores y visiones del futuro se entretejen de forma compleja e inseparable con la competencia tradicional por poder e influencia.
La evolución de estas dinámicas determinará no solo el curso interno de democracias occidentales, sino también la naturaleza del sistema internacional en las próximas décadas y la viabilidad de la cooperación global en desafíos compartidos como el cambio climático, la regulación tecnológica y la prevención de conflictos.
Sería una simplificación excesiva sugerir que el orden internacional se está reconfigurando principalmente a partir de este debate. Factores como intereses económicos, seguridad nacional, control de recursos estratégicos y competencia tecnológica tienen mayor peso en la definición del orden global.
En nuestra condición de líderes, ¿qué posición asumimos y cómo manejamos este tema?
El debate “woke/anti-wok”» es muy complejo porque toca aspectos filosóficamente profundos sobre la sociedad, la justicia y la identidad. Refleja preguntas eternas sobre cómo reconciliar unidad y diversidad, libertad e igualdad, individuos y comunidades. No son preguntas que puedan resolverse de manera definitiva, sino dinámicas que cada sociedad debe negociar continuamente a través del diálogo democrático.
Superar la polarización requiere reconocer que las identidades importan en la experiencia humana, pero no determinan totalmente quiénes somos. Un diálogo genuino requiere escuchar experiencias diversas y no mantener posiciones rígidas.
Cómo liderar en tiempos de polarización cultural
- Más equilibrio: Liderar significa gestionar conflictos, manejar la incertidumbre y abrazar tensiones. No puedes evitar controversias, pero sí puedes preparar a tu gente para elevar la madurez y la inteligencia emocional.
- Más curiosidad: Frente a posiciones extremas, responde con preguntas, no con juicios.
- Ética: Traduce valores universales en acciones concretas dentro de tu contexto particular.
- Despolitiza el lenguaje: no uses las expresiones “woke” y “anti-woke” para discutir política. Usa términos más específicos.
- Condiciones para diversas perspectivas: crea condiciones y espacios de confianza en la que personas con diferentes visiones puedan dialogar constructivamente.
- Valores compartidos: Identifica valores comunes como la dignidad humana, igualdad de oportunidades y justicia que puedan unir a personas de diferentes ideologías.
La polarización cultural no solo afecta el clima social: está redefiniendo quién compra, quién trabaja contigo y qué reputación construyes.
Mi posición
Lo primero: reconocer la complejidad de todo esto y matizar los excesos. Mi posición es de “universalismo” sensible al contexto.Priorizo la humanidad compartida sobre las identidades particulares. Esto significa que opto por programas universales porque creo en valores universales independientes de culturas (me preocupa la fragmentación excesiva en políticas identitarias). También prefiero trascender las injusticias históricas para construir un futuro común. En esto, totalmente anti-woke.
Pero reconozco que existen injusticias estructurales que hay que atender. Por eso, no apoyo un universalismo rígido sino sensible a contextos y realidades particulares. Existen diferencias culturales y necesidades específicas que requieren respeto, reconocimiento y atención focalizada para acercarnos a la justicia. Entiendo que, por ejemplo, las políticas públicas diferenciadas son necesarias como medios temporales hacia una universalidad que debe construirse, no simplemente declararse (woke, abierta al diálogo).

Hace falta más equilibrio, serenidad, empatía y profundidad para gestionar conversaciones difíciles y construir puentes que reconozcan tanto nuestra humanidad compartida como nuestras diferencias significativas. El debate WOKE nos muestra que hace falta por un lado, más educación política y por el otro, el desarrollo de un vocabulario político más sofisticado y multidimensional que pueda capturar estas nuevas realidades.

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