La semana pasada visité la exposición “Los Mundos de Alicia”. Salí con muchas reflexiones, y una en particular sobre identidad.

La cuestión de la identidad ha sido una pasión constante en mi vida. Mi búsqueda de raíces tiene un fundamento: descendiente de familias italiana y japonesa, pero nacida en Venezuela, he tenido el privilegio de vivir en diversos países a lo largo de mi vida.
Las nacionalidades son como un mapa con fronteras difusas, en donde los límites entre una identidad y otra se desdibujan, se superponen y a veces se contradicen. Mi sentido de pertenencia no se define por líneas trazadas en un territorio o la receta cultural que dicta un país, sino por valores y elementos que fluyen entre sí. Por eso me gusta el concepto de «identidad fluida».
Por otro lado, y más importante aún, hablar de identidad es hablar de creatividad. De cómo nos definimos o construimos nosotros mismos. Cómo navegamos realidades contradictorias, crecemos y nos encogemos según las circunstancias, y cómo constantemente reinterpretamos nuestras experiencias para mantener un sentido coherente de quiénes somos. Es la historia de Alicia.
En estos tiempos, la pregunta: “Y tú, ¿quién eres?” es urgente y necesaria. Expuestos al bombardeo informativo y a tantos estímulos… pareciera que se han multiplicado los caminos de posible formación de identidad, y esto nos regala libertad, pero también confusión.
La historia de Alicia es inspiradora: podemos cambiar de tamaño, caer al vacío, explorar diferentes mundos, tener conversaciones absurdas y cuestionar cosas… sin perder nuestra esencia. De hecho, es precisamente a través de estas exploraciones que descubrimos quiénes somos realmente. La identidad se construye. Y se reconstruye. Es un mosaico de nuestros valores, creencias, experiencias y relaciones. Abarca tanto nuestro mundo interior de pensamientos y sentimientos, como nuestras expresiones externas a través de decisiones y acciones.

Alicia como metáfora del liderazgo
Alicia cambia de tamaño, de entorno y de reglas constantemente. Y, sin embargo, nunca deja de preguntarse quién es. Esto es precisamente lo que necesitamos como líderes hoy: adaptabilidad sin perder nuestra esencia. Curiosidad sin ingenuidad. La capacidad de hacer preguntas que otros no se atreven a formular.
Una búsqueda que, como líderes, muchas veces dejamos en pausa por la urgencia del día a día. En el mundo corporativo, es común confundir identidad con profesión, título o desempeño. Pero no son lo mismo. Alicia cuestiona la autoridad y navega entre la realidad y los sueños. Ella crece física y emocionalmente a lo largo de su viaje. Un viaje que no es un camino lineal. Es caótico y complejo, como el mundo en el que lideramos hoy. Pero en ese caos, Alicia no deja de observar, cuestionar y reinventarse.
Identidad, política y surrealismo

Alicia también desafía estructuras. No acepta reglas absurdas, no obedece por obedecer. Y el acto de cuestionar el poder, o al menos, preguntarse cosas respecto al poder es hoy más importante que nunca. En contextos corporativos, la política de la identidad se vive cada vez que alguien decide ser auténtico.
Como Alicia, podemos cuestionar lo ilógico, desafiar lo arbitrario y mantener nuestro sentido de asombro incluso frente a la confusión. Su historia nos anima a abrazar tanto los aspectos realistas como surrealistas de la existencia. De hecho, es fascinante observar cómo lo surrealistas abrazaron a Alicia como vehículo para explorar el inconsciente, ese lugar donde se encuentran nuestras identidades más profundas, escondidas bajo capas de condicionamiento social.
A veces, las verdades más profundas surgen del aparente sinsentido. Y la realidad es un juego que sólo se descubre con asombro.

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