
Vivimos en una era de información abundante e infinita, de respuestas inmediatas y verdades “a la medida”. Pero ¿cuánto tiempo dedicamos realmente a pensar por nosotros mismos? Sócrates, uno de los grandes maestros de la filosofía occidental, nos enseñó que el verdadero conocimiento nace de la curiosidad y de las preguntas. Sin embargo, el reto de hoy es mayor: no sólo discernir entre tanta información cuál es confiable y “verdadera”, sino combinar la razón con la experiencia, para realmente vivir y sentir lo que aprendemos.
¿Qué es el pensamiento crítico?
Piensas “críticamente” cuando cuestionas, analizas, interpretas, evalúas y emites opiniones sobre lo que lees, escuchas, dices o escribes. El término crítico proviene de la palabra griega kritikos que significa «capaz de juzgar o discernir». Realmente no hace falta agregar el adjetivo «crítico»… porque si estamos pensando, tenemos que juzgar y discernir.
Pensar significa ser capaz de analizar algo de forma “sistémica”, asociando y desglosando un problema o una información. Es una competencia que se aprende y se mejora a través de la práctica y el deseo de mejora continua. Se trata de una habilidad que cada vez será más y más valorada en las organizaciones, sobre todo con relación a puestos de trabajo cuyas tareas se están automatizando gracias a los avances de la inteligencia artificial y la robótica. Nuestro valor agregado será… en definitiva, PENSAR.
Tuve la fortuna, hace poco, de participar en una clase de Elio Gallego, Catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad San Pablo CEU y director de CEU-CEFAS, sobre la “Historia Filosófica de Occidente”. Fue una sesión extraordinaria en la que nos paseamos por dos momentos clave que transformaron a la Humanidad. Parafrasearé algunas de sus ideas y las conectaré con nuestra propuesta.
La primera revolución: de la tradición oral a la verdad interior
Entre los años 470 y 430 a.C. el conocimiento no se escribía, se transmitía oralmente, en historias y diálogos, como lo hacía Sócrates en las plazas de Atenas. La tradición oral sostenía que la verdad existía, pero estaba escondida en el Universo, y sólo aquellos dispuestos a buscar dentro de sí mismos podrían acercarse a ella. El diálogo, las preguntas, y la retroalimentación eran las herramientas más poderosas para llegar a esa verdad oculta.

Esta primera revolución del pensamiento fue un despertar. Implicaba que las ideas no se podían simplemente heredar; debíamos pensarlas, discutirlas, y vivirlas. Sócrates lo resumió perfectamente cuando dijo que una vida sin examen no vale la pena ser vivida. Para él, el acto de pensar no era simplemente adquirir información o conocimiento técnico, sino un proceso de autoexamen y búsqueda de la verdad interior. Creía que el pensamiento auténtico debía ser crítico, constante y abierto a la posibilidad de no saber.
«Es posible que ni uno ni otro tengamos algo digno de saber, pero él cree saber algo cuando no sabe nada, mientras que yo, si no sé nada, tampoco creo saber algo.» (Apología de Sócrates, 21d).

Sócrates y Trasímaco
En La República, uno de los diálogos más famosos de Platón, Sócrates habla sobre la alegoría de la caverna, una ilustración perfecta sobre lo que el pensamiento y el conocimiento. En esta alegoría, Sócrates (a través de Platón) describe a los seres humanos como prisioneros de una cueva que solo ven sombras (una metáfora para el mundo sensible y superficial). El ejercicio de pensar, en este contexto, es el acto de liberarse de esas sombras para poder ver la realidad como realmente es, simbolizado por el sol, que representa la verdad o el conocimiento más elevado.
La enseñanza aquí es clara: pensar críticamente es el proceso de liberarse de las ilusiones y falsas creencias para llegar a la verdad. No es un proceso cómodo ni rápido; puede ser doloroso y difícil, pero es el único camino hacia la comprensión profunda de uno mismo y del mundo. Para Sócrates, el pensamiento es un ejercicio continuo de reflexión, autocrítica y búsqueda de la verdad más allá de las apariencias.
La segunda revolución: ciencia, razón y la modernidad
Con sus raíces en el siglo XV y XVI (durante el renacimiento), y especialmente durante los siglos XVII y XVIII (durante la Ilustración), una nueva revolución del conocimiento nos llevó aún más lejos: el racionalismo. Los avances científicos de la modernidad trajeron consigo el concepto del “plus ultra” — siempre más allá, siempre buscando más. El hombre ya no sólo miraba hacia dentro en busca de la verdad, sino que, con la ciencia en la mano, empezó a explorar el mundo exterior, convencido de que el conocimiento le daría el poder para dominar su entorno.
Durante este periodo, la razón se colocó como el pilar fundamental para alcanzar la verdad, reemplazando las formas tradicionales de conocimiento, como la religión y la autoridad dogmática. Esta confianza en el poder del pensamiento racional es lo que se definió como la segunda revolución de la razón.
A través de una linda metáfora con el bosque de Hansel y Gretel nos mostró cómo el énfasis en la razón y el conocimiento ha hecho que dejemos de lado la sabiduría ancestral y los aprendizajes que se generan de manera experiencial. Hemos reemplazado el diálogo por datos, y la experiencia humana por algoritmos. Pero el pensamiento crítico no puede ser sólo intelectual; debe conectarse con la experiencia, la curiosidad, y el diálogo. Necesitamos escuchar tanto a los científicos como a nuestros abuelos. Estudiar en la Academia y salir a probar estos conocimientos en el terreno para validarlos.

Pensar, sentir, y vivir: reevaluar nuestras creencias
Hoy, más que nunca, es urgente reconciliar estos dos mundos: el de las ideas y el de la experiencia vivida. El de la teoría y la validación en el campo.
¡El desafío es enorme! no podemos dejar que la tecnología o el acceso instantáneo a la información sustituyan nuestra capacidad de reflexionar, dialogar y validar nuestras ideas a través de la experiencia. Si nos limitamos a la información superficial que ofrecen algunos medios, a consumir respuestas prefabricadas, y a “creer” cualquier cosa… estamos renunciando a la esencia misma de lo que nos hace humanos.
Esto me lleva al terreno de la consultoría y formación en las organizaciones. Cuando, con la EEG y DUX, hacemos intervenciones de consultoría y buscamos soluciones a problemas recurrentes, muchas veces nos encontramos como causa raíz a un líder “que cree saber y no sabe”. Nuestro equipo siempre enfatiza la importancia de reevaluar las creencias y mantener la mente abierta frente a nuevas evidencias. Hay que, como Sócrates, dudar de lo que creemos saber y estar dispuestos a replantear nuestras ideas.
Para pensar mejor, recomendamos una fórmula infalible: humildad intelectual, curiosidad y separar nuestras ideas de nuestra identidad. Esto último lo explica muy bien Adam Grant en su libro “Think again: the power of knowing what you don´t know”. Separar nuestras ideas de nosotros significa no aferrarnos a nuestras opiniones por orgullo, sino estar dispuestos a explorar razones por las que podríamos estar equivocados. Esto nos ayuda a buscar la verdad en lugar de simplemente defender nuestra posición (nuestra creencia o nuestra idea).

La propuesta es utilizar el método EXCAVA:
E: Equilibrar la curiosidad intelectual con la experiencia. Estudiar es maravilloso, pero mejor aún si combinas el conocimiento con SENTIR y experimentar. Vive la magia del bosque de Hansel y Gretel.
X: Xplorar nuevas ideas y perspectivas. Participar de la vida y no encerrarse en una habitación es una forma de acceder a nuevo conocimiento. Toma un curso, lee, viaja.
C: Cuestionar tus ideas. Ponte en los zapatos de quien piensa diferente a ti. Sólo así tu argumento se hará más robusto.
A: Analizar los medios y tus fuentes. Identifica falacias e incongruencias. No creas todo lo que lees o escuches de manera inmediata. Profundiza.
V: Validar a través del feedback y el diálogo. Expón tus ideas, comprométete con ser dueño de lo que dices. Al ser vulnerable, tienes la oportunidad de validar, comprender y mejorar la calidad de tu pensamiento.
A: Anticipar consecuencias y escenarios. No opines con ligereza. Paséate por el futuro y mide el impacto de tus ideas.
EXCAVA y piensa. Piensa y excava. Ad infinitum…

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